Si estás leyendo estas líneas es porque el título de este post ha disparado un clic en algún lugar de tu subconsciente. Desengáñate, tus instintos más primarios gobiernan tus decisiones. Te lo vamos a demostrar.

En realidad todo comenzó a partir de un debate interno sobre la eficacia de los banners. ¿Es posible que el formato de banner tradicional siga siendo rentable en una campaña online? Podríamos pensar que su abuso en todo tipo de sitios web los ha convertido en mero «ruido» y que los internautas los filtran de forma automática obviando su presencia.

Decidimos probarlo empíricamente utilizando este blog como objeto de una campaña autopromocional. El medio elegido fue Facebook, donde realizamos una segmentación buscando perfiles de personas mayores de 25 años, de nacionalidad española y con afinidades relacionadas con el mundo de la gastronomía.


Arrancamos la campaña con un banner puramente descriptivo. En la primera semana el resultado obtenido no dejaba margen de duda: CERO Clics

Nuestro ¿sugerente? claim «diseño que alimenta» no había despertado ni la más mínima curiosidad.

Parecía confirmarse la hipótesis de partida, «estamos saturados de banners y ya no les prestamos atención».

Si asumíamos como cierto que los contenidos de «Diseño que Alimenta» son tan atractivos que es imposible que no le interesen a nadie 😉 la única alternativa posible era que nuestro mensaje publicitario había fallado.





Decidimos entonces poner en marcha una estrategia mucho más agresiva. Cambiamos totalmente el copy jugando con un concepto tan antiguo como la publicidad: la promesa de sexo.

Los resultados no se hicieron esperar. En pocos días alcanzamos un CTR del 0.051 % (click through ratio o porcentaje de veces que se hace clic sobre un banner en relación a las veces que se muestra) que es una cifra más que aceptable para este tipo de campañas.

¡Vaya!, que ¿sorpresa? Un titular ambiguo y un poco subido de tono sí que era capaz de atraer la atención.




Un buen copy es importante, pero todos sabemos que una imagen vale más que 1.000 palabras.  ¿Y si le  diéramos una nueva vuelta de tuerca a nuestro banner y utilizáramos otra imagen?

Nuestro anuncio estaba tomando un cariz peligrosamente «vulgar», pero los resultados fueron demoledores.
El CTR alcanzó el 0.107 % Habíamos duplicado la eficacia del banner.





Llegados a este punto decidimos parar porque ya nos daba un poco de miedo lo que podría surgir en nuestro siguiente brainstorming 😉
A decir verdad, tampoco nos interesaba atraer lectores «equivocados» a nuestro blog, sería una estrategia muy contraproducente.

Las conclusiones de este divertimento las dejamos para vosotros. Lo que parece evidente es que los viejos trucos publicitarios siguen funcionando porque nuestro cerebro, queramos o no, está gobernado por impulsos ancestrales. Os recomendamos la lectura de un clásico «El Gen Egoísta: las bases biológicas de nuestra conducta» (Richard Dawkins, 1976) que os resultará revelador al respecto.